viernes, 24 de agosto de 2018

Muxia, encaje de prodigio vivido


Cuál delicado hilo sobre el mundillo, el trayecto ha creado un preciado encaje. 

Pasos bajo el amanecer, sonrisas al escuchar cada broma, silencios para meditar, conversaciones sobre lo que importa y lo que es fútil. 
 
Lluvia, sol, calor, frío, niebla y vida.
El bosque de tilos, pendientes que suben y bajan, el río y el mar.
Aldeas, maíz, animales que pastan. 


Una muñeira avivará el espíritu. 
La ermita ya señala un punto. 
El faro lo prolongará al infinito.

Los hilos, con ritmo precisó, se han entrelazado por el picado. Artesanalmente la pieza ha salido del bolillo. Será siempre única, muy vivida e inolvidable.

Hermoso es caminar sin hora. Mantener la mente en el ahora. Dejarse llevar por la generosidad de la naturaleza. 

Ayer, hoy y mañana los costales en la puerta continuarán esperando impertérritos su trozo de pan. Los peregrinos saludarán. Los vecinos repetirán con emoción el deseo aprendido de sus padres y abuelos.

El camino  reposa levemente y comienza de nuevo.
El camino hace grandes a los compañeros de viaje.
En Muxia aflora el encaje del prodigio vivido.

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jueves, 23 de agosto de 2018

Lires, detener el paso



Tres hórreos enmarcan el camino.

Recuerdan la grandeza del hombre cuando se alía con la naturaleza.

Sin prisa, saboreando cada instante, se asciende el tramo.

El pensamiento continúa enzarzado en comprender.

Los pasos sienten el cansancio de los días.

Una mirada.

La ventura del compañero imprescindible bombea fuerza.

El corazón se empecina y vence.



Una salvaje playa detiene al peregrino.

Infinita, virgen, hermosa en su crudeza la Do Rostro.

La fuerza del mar precipita y atrapa.

El silencio y los pensamientos que bullen marcan felicidad.


Lires invita a detener el paso.

Quinta jornada

miércoles, 22 de agosto de 2018

Finisterre, amar su luz




Un kilómetro más.

Tan solo unos metros para la ansiada parada.

La elegante seducción va impregnando nuestra mirada.

Los pasos se aceleran, sin pensar, al hallar la señal. 

El océano se presenta sobrio, mágico y misterioso. 




 
El sol, a la derecha del faro, reina majestuoso. 

Finisterre es amar su luz. 

Vivir su atardecer, tras días como peregrino en el Camino de Santiago, aguijonea el alma de hermosas emociones.

Fisterra no será el final del camino...

Cuarta jornada