martes, 26 de junio de 2018

La niña se pregunta


Ayer de nuevo recordaba a una mujer que desaparecía hace más de siete años. Cada vez que una mujer es asesinada, a la mente de algunos aragoneses, llega el nombre de Vanesa. Seguramente muchos no recordarán a esta joven que estuvo desaparecida casi un año. Una desaparición que su familia no entendía, Ni creía.

Vanesa realmente nunca desapareció.


Fue asesinada por su pareja.

Asesinada y descuartizada.

Uno de los casos más cruentos de la crónica negra de este país. Su familia se movilizó para buscarla. Para pedir el cumplimiento íntegro de las penas llamó a los ciudadanos. La sentencia se dictó. Las penas impuestas siguen pareciendo nímias si pensamos en los detalles del caso.

Era y es una familia  rota por la muerte sin sentido. Por aquello de "conmigo o te mato".

Una niña, Libertad de nombre, se quedó sin madre.

En Zaragoza ayer  otra mujer asesinada. Otra niña que se pregunta por qué y dónde está mi madre.

Denunciar es el camino, salir de relaciones tóxicas, nadie que nos quiera nos violentará ni una sola vez de palabra o de obra. 

En el recuerdo  el caso de Vanesa Barrado.

¿Cuál es el camino para erradicar esta lacra? ¿Por qué se mata quien se dice querer? ¿Reformar las leyes? 
Son  muchas preguntas y dos niñas sin respuesta a su por qué.

sábado, 23 de junio de 2018

"Me parece..."

Confieso que todo y nada entiendo. Es una suerte mayúscula estar viviendo hechos que modelarán la historia de este siglo y el que nos precede.
Historia e intrahistoria que nos deja perplejos a algunos y que a otros parece ni acariciarles el pensamiento.

Decía un estudio divulgado por la revista Intelligence en 2013,  que  el cerebro humano ha perdido 14 puntos de nivel de inteligencia, en pocas décadas. ¿Estará ahí la clave de tanto desconcierto? 
Dicen los investigadores que tanto dejar a las máquinas hacer trabajo humano provoca vagancia en nuestra materia gris. Electrodomésticos que todo lo cocinan a un click, coches que mantiene la velocidad e incluso aparcan solos, ocio con vídeo juegos que nos niegan la verdad de ganar, perder, sentir alegría o dolor.
Nos absorbe tanto la inteligencia artificial que estamos olvidando quienes somos. Incluso la neurociencia insiste en recordarnos que las emociones son lo que mueven el mundo, jamás las máquinas.
Lo curioso es que somos nosotros mismos quienes nos subyugamos ante lo artificial. Buscamos wifi en una cafetería, relojes que nos recuerden si estamos bien o regular de constantes, ...¿porqué?
¿Nos relaja más la inteligencia artificial que el paseo entre hayas y helechos?

Hace unos años confesar que todo o nada se entendía no era tan sencillo como ahora. Hoy a golpe de tweet todos podemos  sentar cátedra.

Antes de llegar las redes sociales uno meditaba, contrastaba y organizaba sus ideas y, solo entonces, se enzarzaba en un debate político, económico, social o deportivo. Hoy re twittear es todo un entretenimiento con consecuencias no medidas.
Y todo es compatible siempre que el ejercicio, el entrenamiento haya comenzado por la base: la lectura, el teatro, el acercamiento a la pintura, a la danza, a la música,...
Repetimos discursos que ¿entendemos? ¿Somos capaces de hablar de solidaridad sin escuchar a las ONGs que trabajan sobre el terreno y se postulan por políticas que refuercen la economía de los países y no de las mafias? ¿Podemos apoyar a fundaciones de las que desconocemos cuales son sus cuentas y acciones solo por un buen anuncio televisivo? ¿Apoyamos discursos políticos que nos dividen, sin estudiar su origen? En el deporte todos sabemos cuál es la estrategia para ganar el partido, en ocasiones, sin habernos puesto unas botas o leido un reglamento.

Los grandes escritores nos han dejado piezas de increíble visión de presente y futuro. El hombre siempre ha  tenido a su alrededor excusas para no pensar demasiado.
Tomemos como ejemplo "La cantante calva" de Ionescu . Los convencionalismos que en ella se presentan son los mismos que hoy debatimos. Eso sí, lo hacemos, con menos argumentación por menor tiempo de lectura y menos intelecto. Lo dicen los investigadores.
La lectura relaja y provoca revolución en el cerebro ¿estamos preparados para tanta emoción? 
"A mi también me parece" decía la Sra Martin.

lunes, 18 de junio de 2018

Las judias traperas de Los Fayos

Cesáreo se afana por mimar detalles de última hora. Hoy el agua y su puesta en el lugar que le corresponde será su preocupación. Sus ojos rezuman ilusión. Surgió la idea, Rocío y Javier lo acompañaron; hoy restan cuatro días para ponerla en marcha. La excusa: unas deliciosas judías traperas.

En Los Fayos, en el Moncayo, son pecado mortal ¿Será el agua? ¿Será el mimo de los cocineros? ¿Será la ilusión por disfrutar de la vida? Sea lo que fuere, este sábado 23 de junio, Los Fayos y sus judías acapararán nuestras miradas.


La ilusión es ese sentimiento sin el que el hombre no es nada. Sin ella uno no se levantaría cada mañana. Nada se habría inventado, ni descubierto sin anhelos.

Estos días que se habla tanto de solidaridad, de avanzar, de gobiernos con gran fotogenia, con alguna fotografía retocada, la ilusión de verdad, debería triunfar. Y ese sueño está en apoyar a la Asociación de jubilados de Los Fayos, ellos han potenciado está iniciativa para que sus judías traperas sean conocidas mundialmente. La ilusión estará en apoyar a delegaciones como la de Manos Unidas en Zaragoza, que trabaja sobre el terreno, para que nadie tenga que huir de su tierra a causa del hambre. El sueño está en elaborar una tarta de queso porque sí. En trabajar para que Antonio tenga un nuevo corazón gracias a un trasplante. En erradicar falsas políticas y falsas campañas que intentan desilusionarnos. Trabajar por un museo de la Semana Santa para todos los zaragozanos, celebrar 10 años de cultura en el Teatro Arbolé y mejorar accesos para que se instalen industrias.

La esperanza, como dice Esteban Villarocha, gerente del Teatro Arbolé, es futuro. “Hay que apostar por la ilusión, eso significa que hay presente y futuro. En la inmediatez en la que vivimos ahora parece que se olvida este hermoso sentimiento” afirma.

La ilusión no se come, pero alimenta, decía García Márquez.
En Los Fayos alimenta cuerpo y alma.