martes, 12 de noviembre de 2019

Pilar, médico en Aguaviva


Se llama Pilar, trabaja y vive en Aguaviva, Teruel.

Estudió la misma profesión que su padre.

Quería, como él, conversar, dar apoyo y salud a los vecinos de los pueblos más pequeños de su provincia.

Estudió duro. Consiguió destino en el Bajo Aragón. Aprobó la oposición definitiva y decidió no dejar solos a sus vecinos de siempre. Pidió quedarse en el mismo pueblo en el que llevaba trabajando un tiempo.

El caso de Pilar, médico rural en Aguaviva y cuatro pueblos más, no es el único. Son muchísimos los galenos que vocacionalmente trabajan en los rincones más apartados.


La mayoría trabajan poniendo su propio coche para los desplazamientos. Pilar hace más de 500 km cada semana para recorrer las pequeñas localidades que tiene a su cargo.

En ocasiones no tiene Internet porque la banda ancha no llega a su comarca. Tampoco siempre hay quien les cubra las urgencias, son ellos mismos los que atienden sin horario a los enfermos.

Pilar es feliz. Ha elegido su destino. No quiere trabajar en la ciudad.

¿Qué recibe a cambio uno de estos profesionales por amar tanto a su vocación ? El inmenso cariño de sus vecinos les basta.  Tal vez un  poquito de apoyo de instancias mayores también les satisfaría.

Ellos, los que están manteniendo el territorio, necesitan apoyo, ánimo y alguna palmadita de ánimo para continuar el camino.

En Aragón, en Teruel concretamente, el 30 % de las oficinas bancarias del bajo Aragón histórico y el 80 % en otros puntos de esta provincia, han cerrado.

Esperemos que los médicos no sean los siguientes.

Lo más sencillo sería recorrer de verdad Aragon, escuchar y ocuparse.

Ocuparse no preocuparse. Ese es el secreto.

Siempre la mejor medicina, la del amor será, la que nos cure de todo mal. Suministrada siempre por aquellos que aman y viven su profesión desde la ambición del corazón.



miércoles, 6 de noviembre de 2019

"El desaparecido"

Hubo un tiempo en el que no había que "molestar" a Cataluña con "tonterías".

Ni con los bienes de Sigena ni con trenes que pasasen por Teruel.

Era más importante para los gobiernos de turno tener tranquilos a los gobernantes catalanes.

Los que tienen buena memoria, recordarán que, Alfonso Salillas, el que fue alcalde de Villanueva de Sigena, siempre afirmó que "al Ministerio de Cultura no le interesaba devolver los bienes a Aragón". Siempre le iba mal, a pesar de las sentencias a favor de los aragoneses. No querían soliviantar con menudencias a sus aliados políticos.

Se tardo mucho tiempo y acumulación de sentencias a favor de los monegrinos, para que camión recogiese en Lérida las obras de arte y las devolviese al monasterio.

Esta semana hemos sabido que, probablemente, con el corredor cantábrico Mediterráneo a su paso por la provincia de Teruel, podría haber similitudes con el caso de los Bienes.
2016 se presenta un estudio de viabilidad para esta línea.

 El estudio se encargaba a una experta empresa y costaba  500.000 €.
Este trabajo, llamado por los turolenses "el desaparecido" paso a dormir el sueño de los justos en la subdirección general de planificación ferroviaria en Madrid. Quedó en el fondo de una torre de papeles y ni siquiera llegó a alcanzar la fase de información pública. El momento político que se vivía en España no le ofreció ninguna posibilidad de vida. El estudio ha sido hallado por los candidatos al congreso y Senado de Vox por la provincia de Teruel. Marcharon a Madrid, solicitaron al funcionario el documente y se les entregó. Así de sencillo. Curioso que en tantos años a nadie se le ocurriese solución tan lógica.

Se pasó el plazo. Pero...¿Por qué siendo una línea fundamental para la comunicación y la vida en Teruel, nadie se preocupo por ello? ¿Donde estaban los políticos aragoneses en 2016? ¿Había consignas de no molestar a Cataluña?
Habría que añadir además un matiz importante: el gobierno de Javier Lambán en aquel año reafirmaba el valor del corredor cantábrico Mediterráneo. Lo hacía, curiosamente, potenciando la plataforma Madrid-Zaragoza-Barcelona.

Cuánto nos engatusan unos y otros con milongas que se visten de verdades.
 Es muy grave este asunto que habla de comunicaciones, de transporte, de industria, de futuro, de población… Para Teruel supondría el impulso para no seguir ahogándose.
¿Quién va a luchar realmente por ello?
"Si te engañan una vez es culpa del otro, si te engañan dos veces la culpa es de uno mismo".
A partir del 10 N la exigencia de cumplir las promesas  y proyectos debería ser ley.

martes, 22 de octubre de 2019

Los insultos de Cubero




Es curioso el poder de un micrófono. Ocurre mucho en la profesión periodística. Delante de estos inventos uno se envalentona, opina y sienta cátedra.
Esto mismo les ocurre a algunos ediles. Son tentados, enamorados y traicionados por la hechicería del sonido amplificado.

Un micrófono es tan solo un instrumento con el que hacer llegar nuestras palabras más allá de las solapas. Ahora, si nos posee su embrujo, seremos capaces de postrarnos y reverenciarlo con mil aseveraciones, fruto de la pueril valentía que nos inocula.
Cuando un representante municipal llama a otro “homófobo y racista” debería tener muy claro el sentido de las palabras que emite.

El concejal Alberto Cubero de ZEC, llamaba hoy “racista y homófobo” al edil Julio Calvo, de VOX. ¿Con que criterio? ¿Han charlado en más de una ocasión los dos concejales sobre su visión de la vida y sus circunstancias? ¿Calvo le ha manifestado en la intimidad su odio a los homosexuales o a los inmigrantes? ¿tiene acreditada Cubero la información para poner estos adjetivos a Calvo? Todo además con la “caricia” del PSOE a su compañero de izquierdas.

Es mas que importante esta apreciación, a simple vista, infantil. A los que cada día informamos de lo que ocurre a nuestro alrededor se nos pide que verifiquemos los datos, que contrastemos las opiniones, que pongamos documentos que acrediten los titulares. Si no lo hacemos podemos tener problemas. Es lo lógico pues de lo contrario los medios serían un nido de desinformación. Pero, ¿nadie pide que se contrasten los datos de una ofensa en un lugar público como el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Zaragoza?

En los tiempos de lo “políticamente correcto”, a todos nos ha costado desdecir teorías, algunas con fundamentos discutibles, sobre el feminismo, animalismo, bien común o ecologismo. La lucha es desequilibrada. Si no se sigue la corriente, se debe predicar con vehemencia agotadora para que no se te tache de "poco lúcido". Muchos cada día lo hemos intentado, otros simplemente han creído, con buena lógica, que ya caerían por su propio peso. En cambio, los que abanderan lo “políticamente correcto”, no tienen que demostrar nada. Lanzan un insulto, se sienten orgullosos de su tarea y se les aplaude. Esperemos que algún día, como los semáforos del tranvía, todo se equilibre.

Aunque esto de las corrientes de opinión nada tiene que ver con el fondo del asunto que se discutía en la comisión. Un asunto que ha quedado en segundo plano y que los zaragozanos podríamos saber si se respondiese a la pregunta. ¿Se cruzan los datos de subvenciones a ONG entre instituciones? ¿Se sabe cuanto dinero reciben para los proyectos? Una pregunta que puede suscitar el interés de los vecinos. Ciudadanos que todavía no saben, donde fueron un 41% de las ayudas para la cooperación, en los últimos tres años, así se reflejaba en la última auditoría municipal.

Nadie está libre de tirar la primera piedra pues, en pocos meses, el grupo municipal del que es portavoz Calvo, ya ha cometido un “error de bulto” al entregar una medalla “discutible”. Pero insultar para tirar balones fuera, es hacerlo también, con aquellas organizaciones que justifican hasta el último céntimo lo que se les entrega.

Es curiosa la atracción fatal de un micrófono, alguno como el reelegido Cubero, dice lo que, en una sala de espera, ante un pequeño grupo de intelectuales mujeres de ideología contraría, nunca sería capaz de decir.

Menos espectáculo para autosatisfacción y más trabajar para los zaragozanos. ¿Dónde se invirtieron los euros entregados por el ayuntamiento de Zaragoza para elevar agua o dar salud? Los documentos deberían existir. Aquellos que trabajan, de verdad, por hacer la sociedad más justa lo merecen.