sábado, 23 de junio de 2018

"Me parece..."

Confieso que todo y nada entiendo. Es una suerte mayúscula estar viviendo hechos que modelarán la historia de este siglo y el que nos precede.
Historia e intrahistoria que nos deja perplejos a algunos y que a otros parece ni acariciarles el pensamiento.

Decía un estudio divulgado por la revista Intelligence en 2013,  que  el cerebro humano ha perdido 14 puntos de nivel de inteligencia, en pocas décadas. ¿Estará ahí la clave de tanto desconcierto? 
Dicen los investigadores que tanto dejar a las máquinas hacer trabajo humano provoca vagancia en nuestra materia gris. Electrodomésticos que todo lo cocinan a un click, coches que mantiene la velocidad e incluso aparcan solos, ocio con vídeo juegos que nos niegan la verdad de ganar, perder, sentir alegría o dolor.
Nos absorbe tanto la inteligencia artificial que estamos olvidando quienes somos. Incluso la neurociencia insiste en recordarnos que las emociones son lo que mueven el mundo, jamás las máquinas.
Lo curioso es que somos nosotros mismos quienes nos subyugamos ante lo artificial. Buscamos wifi en una cafetería, relojes que nos recuerden si estamos bien o regular de constantes, ...¿porqué?
¿Nos relaja más la inteligencia artificial que el paseo entre hayas y helechos?

Hace unos años confesar que todo o nada se entendía no era tan sencillo como ahora. Hoy a golpe de tweet todos podemos  sentar cátedra.

Antes de llegar las redes sociales uno meditaba, contrastaba y organizaba sus ideas y, solo entonces, se enzarzaba en un debate político, económico, social o deportivo. Hoy re twittear es todo un entretenimiento con consecuencias no medidas.
Y todo es compatible siempre que el ejercicio, el entrenamiento haya comenzado por la base: la lectura, el teatro, el acercamiento a la pintura, a la danza, a la música,...
Repetimos discursos que ¿entendemos? ¿Somos capaces de hablar de solidaridad sin escuchar a las ONGs que trabajan sobre el terreno y se postulan por políticas que refuercen la economía de los países y no de las mafias? ¿Podemos apoyar a fundaciones de las que desconocemos cuales son sus cuentas y acciones solo por un buen anuncio televisivo? ¿Apoyamos discursos políticos que nos dividen, sin estudiar su origen? En el deporte todos sabemos cuál es la estrategia para ganar el partido, en ocasiones, sin habernos puesto unas botas o leido un reglamento.

Los grandes escritores nos han dejado piezas de increíble visión de presente y futuro. El hombre siempre ha  tenido a su alrededor excusas para no pensar demasiado.
Tomemos como ejemplo "La cantante calva" de Ionescu . Los convencionalismos que en ella se presentan son los mismos que hoy debatimos. Eso sí, lo hacemos, con menos argumentación por menor tiempo de lectura y menos intelecto. Lo dicen los investigadores.
La lectura relaja y provoca revolución en el cerebro ¿estamos preparados para tanta emoción? 
"A mi también me parece" decía la Sra Martin.

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