lunes, 21 de mayo de 2018

El camino del corazón. Diario de un peregrino accidental.

Cuando uno emprende viaje imagina el objetivo. A medida que camina se pregunta porque emprendió la aventura. Alcanzada la meta siente satisfacción y vacío. Solo cuando se mira en perspectiva se acaricia y disfruta lo aprendido.

Es el diario de un tramo del Camino de Santiago realizado en octubre de 2017. Una promesa que rebela que el corazón es el impulsor de nuestros logros y cimas. Etapas recorridas junto a Antonia, Eugenio, Paco, Aris y Rosa. Pasos dados gracias a José Ángel quien con su mirada, sus palabras y su amor animaba mi maltrecho espíritu.


EL CAMINO DEL CORAZÓN. DIARIO

Primera jornada: Fonsagrada- O Cádavo

fue un 20 de mayo cuando sin pretenderlo se gestaba el inicio de una gran aventura personal. Sin océanos, sin grandes riesgos, sin obstáculos infranqueables era y es una de las grandes proezas conseguidas.
Caminar, tan solo caminar en un mundo de velocidad y segunderos. Olvidar la comunicación virtual y comunicar con la palabra, el abrazo o la mirada. Un paso tras otro, sin prisa, con paradas cuando la cabeza lo dicta. Con llegadas fruto de la fuerza del corazón.
El objetivo era Santiago, la misión hacer kilómetros con el alma, la razón será siempre la misma vida.
Una habitación, con vistas a los gruesos muros de piedra del erguido palacete envolvió la primera noche. Fonsagrada recibe fresca las noches de octubre. A la mañana un generoso desayuno con bizcocho casero auguraba una etapa insólita por la novedad del principiante en el camino.
Una antigua granja reconvertida en alojamiento abría el paso a tramos de asfalto y tierra. Verde campo con sus árboles y animales. Azul limpio de un cielo sin contaminación acústica.
Y el principiante paso a paso dejando el corazón en cada aldea. Caminando sin controlar la pasión de la primera vez.
Etapa llana con repechos en su final que ponen al viajero en su lugar. Subidas que frenan la fuerza que emana a borbotones en las suelas. Pasos que nos ascienden a montes con paz.
Silencio al atardecer, solamente roto, por la respiración del peregrino nipón que corre en busca de la última plaza del albergue.
En O Cádavo, al finalizar la jornada, los músculos nos advertirán de la osadía al ignorar la rudeza del trayecto. La alegría del inicio de la aventura ha cegado a quien cree batirse con enemigo pequeño.

La sopa casera recompondrá el dolorido cuerpo que va despertando al enfriarse. El sueño llegara al galope. También el alba con el sonido de campañas que anunciará un nuevo reto.
Los quejosos pies se rebelaran ante su entrada en el hoy más estrecho cubiculo de la zapatilla. Un, dos,...cien  pasos y la pasión volverá a tirar de cada miembro. De nuevo caminar ocupará totalmente nuestro pensamiento. El mundo se olvida. Solo caminar, inconscientemente, sin más pensamiento que rehuir una piedra, bordear un charco o escuchar a los pájaros.
No hay más que lo que tus ojos alcanzan, lo que tu cuerpo te dicta y lo que tu corazón, poseido por la magia del camino, siente. Pobre, rico, dirigente o dirigido, a todos el camino iguala. Durante  horas, diariamente,  La Paz y la nada se adueñan de ti.

Es hora de emprender labor, de hacer camino al andar.

O Cádavo- Castroverde

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