martes, 5 de febrero de 2019

XVIII Premios Goya de Fotografía y Video


"Se lo dedico a mi padre"… y nos emocionó a todos.

Hubo sorpresas, sonrisas, la alegría de una niña que recogía la estatuilla junto a su padre, las dos mujeres que apuestan por realizar vídeos de enlaces diferentes. La ilusión de una profesión que nos regala álbumes de emociones.

La entrega de premios a unos profesionales que son capaces de robar amor al amor y enmarcarlo. Fue la XVIII Gala de los Premios Goya de Fotografía y Vídeo, celebrada este sábado, 2 de febrero, en Zaragoza.



Una fiesta que, en sus inicios, fue anterior a los Goya del cine. Fotógrafos y cineastas tuvieron sus dimes y diretes con el nombre del galardón. Los tribunales decidieron a favor de los fotógrafos quienes decidieron compartir nomenclatura.  
Ambas galas guardan el mismo nombre del aragonés, con una gran diferencia: la industria del cine mueve más poder económico y político y su proyección es mayor. 

Pensando en estos prestigiosos premios fotográficos, seguimos teniendo los aragoneses un pequeño complejo. No somos capaces de presumir suficiente mente de nuestros logros. 

Los premios Goya de fotografía, por ejemplo, tienen una difusión espectacular en España. Obtenerlo es pasión para cualquier fotógrafo español a pesar de no tener dotación económica. Sin embargo, en Aragón, pasan desapercibidos.
Los Premios Goya aragoneses seguramente fueron más lúcidos y reivindicativos que los del cine. Hubo belleza en cada instantánea, sala llena y también inclusión y llamada a la diversidad. 

Amar y potenciar 18 años de goyas aragoneses.
Amar y potenciar el arte de aquellos que nos regalan instantáneas de vida, es un deber.
Enhorabuena a la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Aragón por sentirse orgullosos de lo que son.


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