lunes, 28 de enero de 2019

Limpiar el Ebro, una prioridad



Era un martes, 16 de noviembre, de 2010.

El lugar: la facultad de económicas de la Universidad de Zaragoza.

El título de la mesa redonda: ¿vamos a tragar el río todos los años?



En ella, dos expertos defendían la limpieza del río, dos se oponían a ella por su impacto medioambiental.




El tiempo es un gran testigo y juez. Ha demostrado varios hechos:



-La política de "no limpieza del Ebro" genera anegamientos cada año más importantes e innecesarios.



-Esta política medioambiental no mejora ni flora, ni fauna, al contrario.



-Son mayores los perjuicios que los beneficios y crea alarma y malestar difícil de conciliar.



A quien ha vivido de cerca hace 20, 30 o 40 años, la organización del trabajo de la Confederación Hidrográfica del Ebro, le duele ver el río, sus presas y pantanos en el estado actual.

Años atrás funcionarios de la CHE limpiaban orillas e instalaciones. Su conservación en perfecto estado contrasta con la desidia actual.

Hace décadas los ayuntamientos cedían la grava sobrante del río, a empresas constructoras que, incluso, pagaban por llevársela. Hoy, una política equivocada, prohíbe tareas ancestrales que mantenían a los ríos limpios, generaba trabajo y beneficios sin romper el equilibrio natural.

Este fin de semana, nuevamente, los campos se inundan innecesariamente. Son ya casi 10 años de aquella discusión de expertos y casi 16 de protesta de muchos alcaldes y vecinos con nula solución por parte del ministerio del ramo. Ministerio que dicta el "aseo" o no de los ríos en España.



Un añadido más, no solamente es el terreno agrícola, también poblaciones como Pina de Ebro miran al Ebro demasiado cerca. El año pasado un plan de evacuación para su población estuvo presente varias jornadas.



¿Por qué? ¿Quién se beneficia de este sin sentido?



Newton decía que "la naturaleza se complace con la simplicidad".

Podríamos añadir: "y con la lógica".




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